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EL CARACTER DE LA MIGRACION CONTEMPORANEA

Inmigrantes latinoamericanos en Chile

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5 October 2008, by Lilia Núñez Cortijo

Si bien Chile, a pesar de los pronósticos, mantiene una modesta tasa inmigratoria en comparación con la de otros países del continente, la presencia de población extranjera no deja de impactar en la vida nacional, impacto que tiene además una fuerte connotación simbólica, considerando que son vecinos latinoamericanos los que en las recientes dos décadas se han ido instalando en el país; hecho que ha generado ciertos resquemores en algunos sectores al parecer no sólo conservadores, a juzgar por el discurso que se difunde en los medios de comunicación, alguno de los cuáles llega al extremo de pedir un “cierre de fronteras” y una mayor selectividad para quienes ingresan al país con intensiones de quedarse. La ausencia de estudios serios sobre el tema de la migración contemporánea, así como de políticas públicas que la aborden, deja evidentemente mucho margen para la imaginación, la sospecha y la reactivación de viejos mitos y prejuicios que puede influir en la opinión pública desinformada con el consiguiente riesgo de provocar actitudes xenófobas e intolerantes frente a extranjeros “indeseados”, hechos de los cuáles también se tiene lamentables referencias. Como ocurre en otros países de la región, pareciera que el estado chileno no tiene una política de población y de migración clara.

Aunque la migración es un fenómeno multicausal, es evidente que los actuales flujos migratorios tienen un alto componente económico-laboral, con una significativa presencia femenina y, está por lo general regulada por las fuerzas del mercado en el contexto de un modelo basado en la “libre” circulación de tres factores: capitales, mercancías y trabajo, donde a diferencia de los dos primeros, el último cuenta con escasas garantías por parte de los estados emisores y receptores, lo que implica que los costos sociales y humanos de la migración se mantienen invisibilizados.

La envergadura que está teniendo la migración contemporánea exige de análisis rigurosos y decisiones políticas informadas. Para entender el carácter de la migración contemporánea podemos metodológicamente tomar un caso, y; el chileno es bastante ilustrativo. Cabe recordar que la desregulación laboral que se impuso fuertemente en el mercado laboral chileno desde hace dos décadas, liberó la mano de obra nativa en los distintos segmentos laborales, parte de la cuál tiende a emigrar a otros mercados más competitivos, proceso que se mantiene en las décadas recientes. Este mecanismo se desarrolla en medio de un intenso proceso de integración económico-comercial, que en Chile se impulsa desde la segunda mitad de la década de los 80’, seguida en los 90’, cuyo resultado son, a la fecha unos cincuenta Tratados de Libre Comercio, los que se configuran en verdaderos puentes no sólo comerciales sino también humanos, por los que transitan tanto nacionales como extranjeros, lo que sugiere un carácter recíproco a la migración contemporánea, que la diferencia de las antiguas migraciones.

Según el censo nacional del 2002, los cerca de 185.000 extranjeros que residían en ése momento en el país, provenían de alrededor de 100 países del mundo. Coincidentemente, la encuesta realizada por la Cancillería chilena en el año 2004 reveló que los 800 mil chilenos que residían entonces en el exterior, estaban distribuidos en alrededor de 100 países en los cinco continentes, aunque manteniendo una alta concentración en el vecino país de Argentina, donde radica casi la mitad de la colonia chilena en el exterior. Estos indicadores confirman la reciprocidad de la migración contemporánea, activada por las denominadas “cadenas migratorias”.

Por otro lado, actualmente el 60% de los migrantes internacionales, en su mayoría procedentes de los países del sur, residen en países desarrollados de la órbita norte, los que siguen demandando mano de obra extranjera, y; si ésta tendencia se mantiene en forma sostenida –como lo han anunciado la OIM, OIT, ONU, etc.- los países emisores (entre los que se encuentra Chile) que requieren reemplazar su capital humano y su fuerza de trabajo, lo harán con inmigrantes que estén dispuestos a venir y éstos suelen por lo generar hacerlo desde países de la misma región, principalmente fronterizos. Esto explica la concentración migratoria de argentinos, peruanos y en menor medida de bolivianos y ecuatorianos en Chile, como ocurre con bolivianos y los propios chilenos en argentina por ejemplo. En tal sentido la actual inmigración de trabajadores foráneos cumple un importante papel de reemplazo, fenómeno que se observa claramente en el circuito migratorio sur-sur (en las regiones de Sudamérica, Asia y Africa), eslabonada a la ya tradicional ruta sur-norte.

En el factor “reemplazo”, un elemento no menos relevante es el hecho de que Chile se encuentra dentro de los cuatro países (después de Uruguay, Argentina y Cuba) con mayores tasas de envejecimiento en la región, lo que a mediano y largo plazo lo coloca como un potencial demandante de población económicamente activa de origen extranjero, principalmente para su mercado interno de trabajo y además como aporte fresco a los sistemas de seguro social. De hecho, la cuota del 15% que se estipula en el país como tope para contratar mano de obra extranjera en las empresas está por el momento muy lejos de ser alcanzada (bordea sólo el 1%). La reciente insistencia de algunos sectores empresariales sobre una notable escasez de mano de obra en rubros económicos como el agrícola, así lo confirma. Otro elemento que hay que considerar en ésta parte del análisis es la tasa de inactividad, que en Chile es bastante alta. Actualmente del 46% de chilenos en edad de trabajar se encuentra inactivo, es decir no trabaja ni busca empleo. Esta cifra representa 5,7 millones de personas que no producen, pero consumen.

Otra característica que es bueno tener en cuenta al momento de cuantificar la migración para los efectos de políticas sociales y otros intereses, es que, en la dinámica migratoria inter-fronteriza, las tasas de asentamiento definitivo son bastante relativas, apreciándose más bien altas tasas de retorno, migración temporal y/o reasentamiento, particularmente de aquellos trabajadores calificados que no logran ser absorbidos en la categoría laboral al que aspiraban.

En cualquier caso, tratándose de un hecho humano, de implicancias económicas, sociales, políticas, culturales, demográficas e intergeneracionales, la creciente interdependencia que muestra la migración contemporánea, nos obliga a profundizar el análisis del tema y a generar propuestas más transversales.

Es indudable que la migración humana tiene muchas más implicancias de las aquí enunciadas, es necesario por ello, que la cuestión migratoria esté incluida dentro de las preocupaciones políticas y del accionar del Estado chileno, tarea que por cierto deberá ser compartida por los Estados de origen de los migrantes que aquí residen. Los Municipios, Consulados y las Asociaciones de Migrantes tienen también un importante desafío. Un primer problema a resolver es sin lugar a dudas la regularización de los extranjeros que se encuentran indocumentados. En éste sentido la reciente Amnistía decretada por el gobierno chileno (octubre, 2007), viene a resolver una deuda pendiente, que Chile adquiere en el 2005, al ratificar y poner en vigencia La Convención que Protege los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y sus Familiares (ONU, 1990), mediante la cuál se obliga a: “… promover condiciones satisfactorias, equitativas, dignas y en igualdad de condiciones respecto de los nacionales, de los trabajadores extranjeros, teniendo no sólo en cuenta las necesidades que tiene el país, de mano de obra, sino también las necesidades sociales, económicas, culturales y de otro tipo de los propios trabajadores migratorios y sus familiares”. Pero esta media es sólo el comienzo de lo que podría constituir las bases de una política migratoria inclusiva, considerando que el migrante no sólo es un ente económico, sino además es una institución social, cultural y política.

Santiago, 25 de octubre del 2007

La autora es Trabajadora Social con estudios de Post Grado en Ciencias Sociales y Doctorado en Estudios Americanos. Investigadora de la Migración Contemporánea

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